Texto y fotos: Antonio Morales Benítez
Cuando cada 3 de febrero sale la procesión de San Blas de la ermita del mismo nombre en Benaocaz los asistentes se quedan atónitos. No esperan que el cortejo procesional sea recibido bajo los acordes de «Bailando», ni mucho menos que el copatrón de esta localidad serrana sea balanceado al ritmo de la conocida canción de Alaska. No importa las veces que se haya acudido, esta antigua manifestación religiosa siempre sorprende a propios y extraños. La tradición dice que San Blas, aparte de médico y obispo, fue un santo bueno y manso, además de curar las afecciones de garganta. Por ello desde hace muchos años los benaocaceños han honrado a su copatrón colgándole chorizos y morcillas, y hoy en día acompañándole masivamente durante su recorrido por las calles con coplas y ritmos alegres. Los fieles se contagian y no se resisten a participar en la fiesta. En todo el trayecto, a ritmo del Chocolatero, San Blas no se olvida de visitar a los más necesitados de sus favores, por lo que suele cambiar en función de los enfermos que tiene que visitar. La cita de este año, al coincidir la festividad en domingo, tuvo más afluencia que nunca. A San Blas pedimos salud para la garganta y algunas dosis de optimismo que buena falta nos hace a todos en estos momentos.







